1/11/11

ComTec: Entrada dos

Antes de entrar crucial en la exploración de la literatura creada ex profeso para internet, considero oportuno divagar un poco sobre el enfoque de este blog sobre el tema.
Primeramente, leer en la web me produce raros trastornos estomacales. Seguidamente, no soy ningún seguidor jovial de minúsculas ficciones (ni siquiera de las impresas). No obstante, valoro en muchas su ingenio, su humor, su insinuación. En resumidas cuentas, tendré que ser brioso para conseguir un resultado triunfante en esta aventura. Pero incluso el desafío que representa me anima: explorar, expandir tan vigente (¿vital?) narrativa. Estoy convencido de la abundancia de cuenticos loables dentro del fatigoso dédalo digital. Habrá, también sospecho, suficiente material de análisis. Es decir, me gustaría hallar reflexiones harto avispadas al respecto. Son debates muy actuales, sin duda. Ahora bien, ¿dónde localizarlos? Mi dolencia inicial, tanto para lo creativo y lo crítico, será entonces de índole geográfico-virtual.
Desde hace un par de semanas comencé una búsqueda somera en pos de indagar algunas referencias. Pues si procuro adentrarme en la caótica celeridad de la literatura mínima (nombrada de mil distintos modos), pertinente es retirar tanta paja, tanta asfixia. Desde luego no es una chapuza: exige una disciplina estoica. Porque lo preferible es calidad ante cantidad, como afortunadamente reconoció mi abuela después de nueve hijos. En fin. Sobre este apartado precisare mi imprecisión: desentendido de nomenclaturas rígidas, llamare indistinto al concepto de fábulas, parábolas, cábalas ancladas en la red.
¿Por qué relatos breves? La respuesta se compone de múltiples razones. Además de las evidentes (relación con la tecnología, plataformas en boga, futuro asegurado), existe otra un tanto ridícula. Si bien estas características para el quehacer artístico vienen desde anales, sólo en la actualidad pareciera tener un quid de mayor arraigue. Girando las bisagras del siglo XXI se antoja plantear: ¿qué es para el mundo nuestras vidas si no pequeñísimas historias?

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