7/5/10

DECIMOQUINTA SEMANA

Como suelo, romperé con lo demandado para mandarme a otros quehaceres. Por tanto, inspirado en la repostería de la esquina, deseo poner una cerecita, bermeja y redonda, al pastel de cuatro meses sociológicos. Que no sea más harina ni huevos ni etcétera; una cerecita, distinta al todo, incomestible a veces, rutilante, magnífica. Y en esa cerecita, mínima como un elogio elegante, agradecer, sin prestaciones ni pretensiones, por un semestre fecundo de conocimiento. Acaso mi cerecita tiene algo de fúnebre o vital, pues preciso precisar, sin presiones ni pretextos, la preñada predilección perpetua, por mi parte, para el principalísimo y placentero proceso propuesto por usted, profesor profundo: pensadores puros y prismáticos problemáticos, pardas o parcas provocaciones, prácticas sin pelo y perfectas promiscuidades. Pasadas por plañideras ps, propongo novedades. El caso, sin cazo pero casado, es que abordar, sin gramo de veleidad, a tantos ilustres me ensalzó los sesos de sortilegios. Desde Marx y Weber, Simmel, Berguer, Elías, Foucault, éstos y más, tantos más, con su preocupación volcada hacia lo humano-colectivo. Nociones que se contraponen o congenian, calidoscopios y lupas finas y catalejos con micas varias: tantas aproximaciones, desde coordenadas tan distintas, hacia el mismo continente en síncope. Pero incluso lo más apremiante del curso fue la guía, docta, de una mente tan capaz como la suya. Sin buscar la barbería sino con la sinceridad cedida a mi humilde persona por un lechero cristalino, reitero mi agradecimiento y mi admiración. Le deseo, además, una buena tarde y una buena vida.
Atte. SanTiago Bueno P.

4/5/10

DECIMOCUARTA SEMANA


De plano el Bourdieu nos graficó en una cruz cartesiana sin pisca de escamas dubitativas. Allí está, coronado su dibujito, el piano… menos mal que nos dio la oportunidad de elogiar a Bartók y Satie. Pero nada se escapa, en todo caso, luego de ver tan incrusivo arrojo, quedaría mencionar, acaso con una humildad extrema, que “no son todos los que están y no están todos los que son”. Esta pronunciación ya sería demasiado laxa, pues ante tal embeleso, conduciendo a los más frágiles a la salivación excesiva al desencajar asombrados la quijada y a los impenetrables incitarlos a un bostezo atlánticos, uno no puede hacer más que buscarse, milimétrico, en sus gustos y hábitos, vecino de algunas de las palabras flotando en aquella matemática fotografía de la sociedad. Y es que está completita, con sus tiñas y sus talabarteros y sus taquerías contiguas a panteones sobrepoblados de vida. A quien si no le fue tan bien fue al Tino Rossi, que lo acomodó en la comercialidad absoluta. Al pobre corso, cantando con voz de macho suave (aunque mocho recio era) ‘Bésame mucho’, le tocó juntito al Guy Lux, ¡barbaridad! Por otro lado a quienes les fue rebien en capital simbólico, social, fue a los profesores de universidad. Mejor vistos incluso que Kandinsky (¡vaya, qué lugarcito!), están en un lugar paradisiaco, para quienes la morusa no es lo primario. En fin, para qué continuar con el chismorreo de las coordenadas otorgadas por el sociólogo al abanico amplísimo de nuestra contemporaneidad.
Con todo lo anterior no acribillo la hazaña del esquema, aunque tampoco lo celebro en demasía. “Cierto que acierta”, diré; pero me respondo con placer de verdolaga, “por qué encorsetar”. Será que el estudio consiste, justo, en escudriñar y abstraer y encasillar. Será que los pensadores siempre han querido subsanar tantas incertidumbres con el control objetivo de sus proposiciones. Sepa la bola o el rectángulo… habría que preguntárselo al Bourdieu.

DECIMOTERCERA SEMANA

El Panóptico, la vigilancia permanente: ver sin ser visto. La comunicación de lo atroz, las torturas florecientes en la carne vejada: prohibido no prohibir. Violencias simbólicas entretejidas en la sociedad para, suertudamente, reprimir lo arbitrario: controlar con firmeza y conseguir… función mental para función real. Decodificaciones ejecutándose desde lo más profundo del humano para elevar, a la misma humanidad, hacia… ¿hacia dónde?



DUODÉCIMA SEMANA

Los cuerdos contra los locuaces. Los dementes, tristecitos como adolecentes sin fiesta para presumir, se contraponen al gran adulto eficiente, partícipe grandilocuente del sistema. Este pensamiento es de Foucault, intelectual de mil ideas y nula capilaridad; francés, activista, homosexual, transgresor polémico, figura mediática, sociólogo de época, crítico político, y más, más. Teníamos, entonces, a los catatónicos o a los catalíticos asesinos encerraditos, ¡vivan los barrotes y candados!, en manicomios de blancas tapias o reclusorios de grises tapas. Pero esa higiene, esta sanidad, integrada en el discurso de quienes ejercen el poder no es argumento franco sino fraudulento, hay algo detrás mucho más cercano al cercenar de la sociedad: el capitalismo reprende a los que no producen; el castigo por no trabajar es el aislamiento, con la bien cientificista iniciativa de incomunicar los bichos para que no se propaguen u obstaculicen el adecuado funcionamiento del resto. Se debe censurar quien, dentro del régimen capitalista, hurta bienes, cuando la promesa de la ideología es acumular; se debe reclutar a quienes maten a su semejante, sin aprobación de la autoridad ya en la guerra, privando así un par de manos para operar en el proyecto del mercado. Y progresivamente se repiten las puniciones según cuánto agravias, con tu falta o delito, a la gobernante comunión.