Había una vez una gorda con hepatitis que no tenía hepatitis pero sí era gorda. Ella tenía unas manitas bien simpáticas de las que salían colores (de una pigmentos verdes y de otra azules en mixtura con grises). Se decidió, entonces, con ambas tonalidades, a hacer un cuadro hermosísimo (¡de nueve!) que veremos a continuación.