Había una vez una gorda con hepatitis que no tenía hepatitis pero sí era gorda. Ella tenía unas manitas bien simpáticas de las que salían colores (de una pigmentos verdes y de otra azules en mixtura con grises). Se decidió, entonces, con ambas tonalidades, a hacer un cuadro hermosísimo (¡de nueve!) que veremos a continuación.
4/11/10
Una linda historia y sus consecuencias
Había una vez una gorda con hepatitis que no tenía hepatitis pero sí era gorda. Ella tenía unas manitas bien simpáticas de las que salían colores (de una pigmentos verdes y de otra azules en mixtura con grises). Se decidió, entonces, con ambas tonalidades, a hacer un cuadro hermosísimo (¡de nueve!) que veremos a continuación.
7/5/10
DECIMOQUINTA SEMANA
Atte. SanTiago Bueno P.
4/5/10
DECIMOCUARTA SEMANA
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De plano el Bourdieu nos graficó en una cruz cartesiana sin pisca de escamas dubitativas. Allí está, coronado su dibujito, el piano… menos mal que nos dio la oportunidad de elogiar a Bartók y Satie. Pero nada se escapa, en todo caso, luego de ver tan incrusivo arrojo, quedaría mencionar, acaso con una humildad extrema, que “no son todos los que están y no están todos los que son”. Esta pronunciación ya sería demasiado laxa, pues ante tal embeleso, conduciendo a los más frágiles a la salivación excesiva al desencajar asombrados la quijada y a los impenetrables incitarlos a un bostezo atlánticos, uno no puede hacer más que buscarse, milimétrico, en sus gustos y hábitos, vecino de algunas de las palabras flotando en aquella matemática fotografía de la sociedad. Y es que está completita, con sus tiñas y sus talabarteros y sus taquerías contiguas a panteones sobrepoblados de vida. A quien si no le fue tan bien fue al Tino Rossi, que lo acomodó en la comercialidad absoluta. Al pobre corso, cantando con voz de macho suave (aunque mocho recio era) ‘Bésame mucho’, le tocó juntito al Guy Lux, ¡barbaridad! Por otro lado a quienes les fue rebien en capital simbólico, social, fue a los profesores de universidad. Mejor vistos incluso que Kandinsky (¡vaya, qué lugarcito!), están en un lugar paradisiaco, para quienes la morusa no es lo primario. En fin, para qué continuar con el chismorreo de las coordenadas otorgadas por el sociólogo al abanico amplísimo de nuestra contemporaneidad.
Con todo lo anterior no acribillo la hazaña del esquema, aunque tampoco lo celebro en demasía. “Cierto que acierta”, diré; pero me respondo con placer de verdolaga, “por qué encorsetar”. Será que el estudio consiste, justo, en escudriñar y abstraer y encasillar. Será que los pensadores siempre han querido subsanar tantas incertidumbres con el control objetivo de sus proposiciones. Sepa la bola o el rectángulo… habría que preguntárselo al Bourdieu.
DECIMOTERCERA SEMANA
DUODÉCIMA SEMANA
Los cuerdos contra los locuaces. Los dementes, tristecitos como adolecentes sin fiesta para presumir, se contraponen al gran adulto eficiente, partícipe grandilocuente del sistema. Este pensamiento es de Foucault, intelectual de mil ideas y nula capilaridad; francés, activista, homosexual, transgresor polémico, figura mediática, sociólogo de época, crítico político, y más, más. Teníamos, entonces, a los catatónicos o a los catalíticos asesinos encerraditos, ¡vivan los barrotes y candados!, en manicomios de blancas tapias o reclusorios de grises tapas. Pero esa higiene, esta sanidad, integrada en el discurso de quienes ejercen el poder no es argumento franco sino fraudulento, hay algo detrás mucho más cercano al cercenar de la sociedad: el capitalismo reprende a los que no producen; el castigo por no trabajar es el aislamiento, con la bien cientificista iniciativa de incomunicar los bichos para que no se propaguen u obstaculicen el adecuado funcionamiento del resto. Se debe censurar quien, dentro del régimen capitalista, hurta bienes, cuando la promesa de la ideología es acumular; se debe reclutar a quienes maten a su semejante, sin aprobación de la autoridad ya en la guerra, privando así un par de manos para operar en el proyecto del mercado. Y progresivamente se repiten las puniciones según cuánto agravias, con tu falta o delito, a la gobernante comunión.
11/4/10
UNDÉCIMA SEMANA
Santiago Bueno P.
165205-5
Marzo 2010
Ensayo:
“La Sociedad de los Individuos”, Cap. 1
Norbert Elias
Suele ser arduo definir lo propio: argumentar sobre algo ajeno tiene la peculiar comodidad de no inmiscuirnos, al menos en una hondura emocional, tan tremendamente como cuando la intención se refiere a la rutina, lo terroso, lo asumido como evidente. Sin embargo, claro está, es en estas proezas de interpretación, cuando se demanda un distanciamiento capaz de prever incluso las aristas más obviadas o milimétricas, donde se ubica una verdadera y crucial reflexión sobre uno mismo. Diatribas contra la tiranía del otro, apologías a la cotidianidad revisada por obligación superflua, testimonios de lo ausente repetido, todos los ensayos halagadores que satisfacen ficciones sin escavar más profundo… su valor es deleznable. Funcionan como cristales de humo, espectaculares, pero sirven al propósito del discurso oficial. La gallardía genuina está en no conformarse con explicaciones sencillas sino animarse, dispuesto al error, en la especulación novedosa. Especulación necesaria y sin condescendencias, basadas en una metodología, en una observación, desde un ángulo distinto e impersonal. No contagiarse con tradicionalismos o ideologías de cajón, en todo caso emplearlas en propuestas audaces, bien logradas por un autor independiente y capaz de alejarse de sensiblerías para abordar temas oportunos y constantes que cualquiera cree conocer sin inquirir siquiera. Esto lo consigue el sociólogo alemán, Norbert Elías, en 1939, con el primer ensayo de su libro “La Sociedad de los Individuos”.
El título del libro es un acierto mayor: ¿no todas las sociedades se componen de individuos?, ¿no todos los individuos son, en esencia, sociales? La respuesta, que en primera instancia resulta pueril, arrastra a una fiera meditación sobre esta predisposición a contestar, en automático, un ‘sí’. Pues la simpleza en planteamiento encierra una historia de posturas muy enemistadas: quienes otorgan a los individuos el valor primordial y dejan a la sociedad casi como un accidente eventual pero secundaria; por el otro lado, quienes, a favor de la sociedad, de antemano reducen al hombre a una cifra dentro de la combinación sin número impuesta por potestades superiores a las humanas o voluntades subjetivas bregando hacia una determinada dirección. Pero no hay intervención divina ni deliberación, tampoco atomizadas criaturitas que desde sus cuevas interaccionan, acaso casuales, con exteriores diversidades. No hay esto, en primer lugar, porque no existe inmovilidad en el objeto de estudio: impensable es que permanezca quieto siglos como para un daguerrotipo. Elias utiliza de ejemplo la composición musical donde la melodía no se entiende sin las notas pero tampoco exclusivamente por ellas; más bien, lo que consigue esta melodía son los intervalos entre las mismas. Transportado al nivel social, se dirá que a través de individuos aislados es improbable conocer la sociedad, mas la sociedad no prescinde de sus ejecutantes. ¿Dónde queda entonces?, en su relacionamiento: en la interdependencia práctica de unos con otros, como la formación de acordes sonoros (do, mi, sol); en aquel instante donde las notas se atan entre sí y cantan la armonía.
“Estas cadenas no son tan visibles y palpables como las cadenas de hierro; son más elásticas, variables y alterables, pero no son menos reales y, con toda certeza, tampoco menos firmes. Y es este contexto de funciones que las personas tienen las unas para las otras los que llamamos ‘sociedad’” (Elias, 1939: 31)
DÉCIMA SEMANA
Todo conocimiento es fiable pero falible, por tanto criticable. Lo que solidifica a los argumentos es la racionalidad positiva, los decora con gallardía; todo esto contrario a Weber, para el cual la razón nos encarcela, encorseta. Así bien, Habermas, el mayor sociólogo vivo en la actualidad y autoridad máxima de la Escuela de Frankfurt, profundiza en la Teoría Crítica, la Acción Comunicativa y la Democracia. Intenciones suyas son la de abordar a la sociedad, desde Marx, con una visión filosófica… y de cereza, aportaciones de Freud. De allí también emblemáticos nombres como Adorno, Marcuse, Benjamin, Horkheimer, entre otros. Pero más que yo trabar la lengua, es preferible oírsela trabar al buen Jügen Habermas.
10/4/10
NOVENA SEMANA
OCTAVA SEMANA
Rescato de un profundísimo letargo, tras los arrumbados guacales rebosantes de memoria, bajo fonda el bajo fondo, una petición de entrada solicitada antes de la resurrección Cristo (de Iztapalapa para el Mundo). Si no mal evoco rezaba así: ‘un obra creativa donde dos o más personajes de intermedien roles sociales’. Desde aquel momento opté por la novela linda, que todos leímos bien púberos, “El Príncipe y El Mendigo”, de Twain. Como escanearlo era labor del ocio apenas lícito para el secretario particular de algún delegado en Jonacatepec, y esto con la dote de un aparatejo tal, busque una adaptación audiovisual. De todas, la más conmovedora en este confluir de ratas impías, es la del Ratón Miguelito. Gócese, pues…
6/3/10
SÉPTIMA SEMANA

Yo y Mí: dos en uno. Paquete sin promocionales mentirosos, sin temporada de regalos ni envolturas coloridas y sintéticas. Yo aquí-siempre-ahora-mismo y Mí fui-lo-que-fue… reflexiones de mí, solidario conmigo; evanescente. Cuando los recuerdos de otros yos se maniobran como ácidos corrosivos o incongruentes, son de mí. Cuando me extravío de lo extraviable y sin contenciones me entrego, soy yo. Los roles en la vida son variados y sucesivos: alumno, hijo, amigo, hermano, tío, sobrino, etcétera. Aquellos lugares en los cuales se ubica una determinada carga conceptual de relaciones, son demandantes por rellenarse y, hasta cierto punto, ajenos a mi Yo. Así se entiende que mi primera infancia, donde fui niño, es un Mí del Yo que ahora es Mí al ser universitario. Ojala se entienda… si no, pregúntese a su vecino predilecto.
SEXTA SEMANA

He allí la sociedad para Simmel: en la charla trunca o verbosa. Más bien en la interacción simbólica, se circunscribe. Los que nos dice qué es el verde o el amarillo, las rayitas o los puntitos, se consigue definir a través del contacto con el otro y, al cabo, se impone por el otro al contacto. Pero aquel valor concedido a lo objetivo, aunque parte de nosotros, también nos liquida: sufrimos, como todo plácido creador, el resultado de lo forjado. Punitivos, manicomios, la lista de nuestra comunidad exige canciones de José Alfredo y hurtos denunciados al calor de la impunidad. Si la víctima acaba con sus victimarios, si a la deriva permanece solo y sólo para no sangrar por el tenso peso de la sociedad; si le desarticulan sus símbolos y queda desolado con palabras-muñón, sin hablante u oído, qué será de él. Conversar es reivindicarnos, quizás; por más o por menos. De las relaciones nace la globalidad. Lo interesante es cómo algo tan artificioso llega a ser la natural doctrina repetida hasta le infinidad. Sin duda para comunicarnos requerimos un canal comprensible para unos y otros… pero antes de esto, antes de la multiplicidad de lenguajes manejados por un sujeto a día de hoy, qué hubo: de dónde viene esa vocación a verbalizarnos, expresarnos-expandirnos, buscarnos no hallándonos fuera.
25/2/10
QUINTA SEMANA
14/2/10
CUARTA SEMANA
Un criado avisa insistentemente a su patrón sobre el arribo tumultuoso, a tropel, de pobres. Es un dialogo sin respuesta, aunque se presientes las reacciones de Señor. Pero al mismo tiempo, y aquí revelándome, me parece que el subordinado le habla a algo más… quizá a un interlocutor silente siempre en la vida práctica. Según afirma después el mayordomo, el lío está, tal vez, en que los ‘pobres’ pobres no se han enterado sobre la muerte del ideólogo alemán, del emblema cúspide de la oposición roja, amenazante, comunista. La fantasía beligerante del socialismo, de la igualdad humana, del compromiso, se tensan (incluso enzarzan) en la imagen ya vuelta ícono del barbado Karl Marx. Tanto que en su semblante reconocible se cree discernir el armatoste intelectual detrás de sus posturas y no sólo el rostro, impenetrable, de un gran pensador.
10/2/10
TERCERA SEMANA

Están los puros (los habanos), manufacturados con hojas de tabaco; existen los puritos de queso, unos panecillos muy consumidos en el sotavento veracruzano, pero de los cuales jamás se ocupó Weber; también tenemos a los puritanos, prosélitos del ala radical del protestantismo, influida por el reformista Calvino… éstos son los que aquí atañen. No pretendo, pues ni siquiera es necesario, iniciar una perorata tediosamente larga, ni tratado ni diatriba, al respecto de sus costumbres y conceptos. Basta con anotar un puñado de cuestiones esenciales (allanadas) para comprender su intervención en el desarrollo del capitalismo. Digamos, entonces, que estos fulanos, tantísimos en sociedades anglicanas, conciben a Dios no sólo con una letrita mayúscula sino con un domino entero, eterno, enorme, en el devenir humano. Dios, soberano temible, lo rige todo pero también exige. Luego, cada cachito de nuestros quehaceres deben realizarse en reverencia Suya. El trabajo es el non plus ultra de aquel servilismo. Rechazando todo placer y despreciando la comodidad producida por la riqueza o la ignorancia, el sudor por el esfuerzo demuestra la conducta aprobada y apremiada: satisfaciente a Su ley. Quién mucho labora recibe hartas ganancias… ¿dónde acomodarlas?, en ningún sitio porque sería, el despilfarrar, atarse al hedonismo condenador; ¿entonces qué se hace con ellas?, se guardan. Bien sabemos que el capitalismo, privilegiando la propiedad, ajusta de lujo con lo privado de nuestros cuates los puritanos. El capitalismo consiste, visto simplistamente, en acumular… ya está: los puritanos son, desde su religiosidad, capitalistas estupendos.
3/2/10
SEGUNDA SEMANA
No hay mayor fe, en nuestros días deslavados, que los de un hincha futbolero. Aunado a esto, la experiencia francamente transverberativa acentuada en nuestro país. “Dios es redondo” ya nos dijo Villoro. Sus santos sudados, los deportistas (los de porteros) que suscriben la victoria o el fenecer colectivo. Allí las masas anónimas, los muchos ningunos, desafinan con letanías efusivas, oran y beben la sangre amarillosa (espumosa) del la cebada, el lúpulo, la levadura: nuestra tierra soleada. El maná viene, cuando el circular todopoderoso, al escuchar sus plegarias, como siempre, navegado por las vírgenes y los beatos, anota un tanto dentro de los postes y el larguero del contrincante-Satán: la otredad, que en cualquier religión se presenta como la amenaza de toda ideología (¿salvación?) competente (desde luego, inferior). Iglesia y ritual… lo tiene en mansalva.
23/1/10
PRIMERA SEMANA
- Padres de la Sociología Francesa:
1. Henri de Saint-Simon
(París, octubre 1760 - París, mayo 1825)
2. Auguste Comte
(Montpellier, enero 1798 - París, septiembre 1857)
3. Émile Durkheim
(Épinal, abril 1858 - París, noviembre 1917)
- Padres de la Sociología Alemana:
1. Karl Marx
(Tréveris, mayo 1818 - Londres, marzo 1883)
2. Georg Simmel
(Berlín, marzo 1858 - Estrasburgo, septiembre 1918)
3. Max Weber
(Érfurt, abril 1864 - Múnich, junio 1920)


















