25/2/10
QUINTA SEMANA
Aprovecharé el siguiente espacio para realizar una sucinta apología a mi favor. Desde luego, es necesaria. Respecto a la respuesta tres del examen primero (entregado el jueves no-sé-qué del corriente). Mi enfado, sulfúrico, está bien pavimentado, pues por obviar al prestidigitador se acabó la magia: cometí la gravísima vergüenza de introducir, sin manifestaciones fulgurosas, una relación que, dicho sea de paso, es inobjetable. Mi acaloramiento, físico-moral, me empuja, con ánimo de acero, al descontrol y al llanto (simultáneamente). No omití al comunismo en mi desintoxicada definición de la enajenación marxista. Con la voluntad de dilucidarlo y desmentirlo, a continuación trascribiré dos episodios del documento antes mencionado para explicarlo a profundidad (de chapoteadero): “Al final, quien pone huevos, quizás sirva asumir al gallinero, no come más que granos” y “La ideología imperiosa, cabal, dictamina su condición” y “Su empleo lo ejerce a favor de otros y sólo puede hacerse suyo, acaso, en la ociosidad completa” y podría seguirme así, mas no es preciso. Escampo lo obnubilado: el enajenado trabaja para los acaudalados que son quienes constituyen las normas del trabajador mismo; luego, sin la riqueza de unos, con la suficiente holgura para diseñar discursos, cada personaje, dentro de una sociedad bien justa y muy repartida, tendría lo suyo para ceder al gobierno, siempre preocupado por sus gallinitas, la administración y equidad. Ya está, más que superada la demostración de lo implícito… por si acaso, realice un dibujito.
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1 comentario:
Ahora si me hiciste sonreir. Es bueno que insistas en tu punto del comunismo pero en tu ensayo hablaste del comunismo histórico no del que proponia Marx. El comunismo no se trata de que todos tengan lo mismo ni de que todos sean iguales. El comunismo se trata de terminar con la enajenación del hombre, extinguir el predominio de las formas...
Revisado - Segundo ciclo 2 - 08/03/2010
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