"El mundo producido por máquinas sería un mundo simulado, no natural, no vivo. Un mundo muerto, de muertos.”Fernando García Masip
La idea de un mundo producido por maquinas, es la distopía de muchos y el consuelo de otros. La visualización de esa orbe meramente maquinizada y artificial, sea con pros o contras, es una de la premoniciones que más ha formulado el ser humano. Algunos creen que el hecho de estar, hasta cierta medida, subyugados a la tecnología, es la aniquilación inmediata del ser humano, en su calidad de “ser” y, también, en la de “humano”. Estos creen que uno de los fines más elevados de la tecnología, como tal, es abolir el desarrollo del individuo en todas sus magnitudes; al procurar la efectividad, la comodidad, la velocidad, la frugalidad, e incluso, la fatalidad. Está claro que un universo de chips y patrones electrónicos no podrá más que hacer del humano, esta ente dual, sensible, abstracta, conceptual, planeadora, simplemente un igual, un antojo de aparato productor (o reproductor), una suerte de artificio. Sin embargo, además de esta alternativa tan caótica, existe, como en todo, su polaridad: aquéllos que ven en este mismo futuro no la devastación y la disminución de la virtud y el valor humano, sino el triunfo álgido de la superación de la incapacidad en las sociedades, quizá la emancipación de la imperfección, de la dificultad.
A bien, es complicado aventurar lo que vendrá con un porvenir que yace en la incertidumbre y la entonación de unos cuantos. Para la mayoría, el futuro es, no más, que la continuación del presente. Quizá en esta postura, indocta en casos y en otros lustre, reconozcan que lo natural es vasto, y con eso basta.
Yo, en lo particular, no considero que recurrir al pasado, embelezándolo o denigrándolo, ni vaticinar los tiempos venideros, exaltándolos u ofuscándolos, sea el modo de abordar mi postura. Para mí, todo equilibrio es adecuado. Mitad virtual, mitad verdad. Más allá de la duplicidad, de catalogar si es bueno, malo o regular, creo que mientras lo artificial no devoré, como a veces parecería que puede o tiende hacer, a lo natural, todo estará bien. La ambición humana no tiene límites, ni siquiera la muerte es uno, pero mientras está ambición no respete ciertos lindes y, en post de la tecnología, deteriore al mundo, no es oportuno augurar cuan franco es lo simulado, sino, más bien, hasta donde va a resistir lo que nos queda.
Como último postulado, me concierne que nosotros mismos creamos lo artificial, no se engendra de una generación espontánea. Por lo tanto, quizá lo insano o lo excesivo no sea una cuestión perenne en lo natural… ¿no somos entonces plenamente naturales o naturistas? Desde luego que no, el conflicto es hasta donde permitimos que la inestabilidad interna devaste lo externo.
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