Proteo, divinidad marina y pastor de las manadas de focas de Poseidón, tenía la facultad de vaticinios certeros. Sin embargo, le disgustaba la labor profética, por lo cual adquiría múltiples aspectos para no ser reconocido. Al parecer, Proteo dormía, bajo las sombras en la isla de Faros, al mediodía. Si aquél que deseaba conocer su porvenir lograba capturarlo, a pesar de sus arrebatos y sus metamorfosis, Proteo aceptaba narrarles su futuro. Tal fue el caso de Menéalo, rey espartano. Y así, Proteo se torno en el símbolo inconfundible del cambio constante, de la transformación infinita.Heráclito de Éfeso, con sus aforismos del arché de Fuego, afirmaba que nada permanecía eternamente inmutable; que no podíamos bañaros dos veces con la misma agua en un río: igual que Proteo, el agua fluye y refluye siempre, desplazándose y mudándose de sí misma. De la deidad y el presocrático (que humanizó al dios) el ‘yo proteico’ involucra un ser que frecuentemente cambia, que no es igual (me aventuro a creer que ni siquiera ante sí) en cada instante. Y es en gran medida el modo en que se aborda el concepto en la lectura.
En el texto de Rifkin, el hombre de esta era postmoderna es capaz de cambiar, de recrearse instantáneamente en hiperrealidades diversas, de acomodarse con su verdad en cierta ficción fortuita. Es un experto en interpretar el mundo binario, en codificarse a sí mismo en una condición virtual. Contrario al discurso vetusto de la misantropía de estos comportamientos, ahora se denota que el arquetipo de esta clase de individuo forma redes sociales vastísimas (incluso internacionales) que promueven un intercambio cultural y un mayor rango de mutaciones. Las plataformas de amistad contienen un sinnúmero de usuarios que socializan y que comparten y que compiten. Todo, claro, en una novedosa y segura orbe de tiempos e interfaces.Por lo tanto, yo coincido en que ocurre esa multiplicidad de caracteres en los individuos contemporáneos. Esta latente en cada persona ser varios, sobre todo cuando cuenta con el poder que proporciona la tecnología. En este momento es uno, al encontrar un hipervinculo o una distinta ecuación, se reinventa como alguien que no fue, como algo que existe en algún otro sitio, en otras coordenadas, en otros algoritmos.

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