4/5/10

DUODÉCIMA SEMANA

Los cuerdos contra los locuaces. Los dementes, tristecitos como adolecentes sin fiesta para presumir, se contraponen al gran adulto eficiente, partícipe grandilocuente del sistema. Este pensamiento es de Foucault, intelectual de mil ideas y nula capilaridad; francés, activista, homosexual, transgresor polémico, figura mediática, sociólogo de época, crítico político, y más, más. Teníamos, entonces, a los catatónicos o a los catalíticos asesinos encerraditos, ¡vivan los barrotes y candados!, en manicomios de blancas tapias o reclusorios de grises tapas. Pero esa higiene, esta sanidad, integrada en el discurso de quienes ejercen el poder no es argumento franco sino fraudulento, hay algo detrás mucho más cercano al cercenar de la sociedad: el capitalismo reprende a los que no producen; el castigo por no trabajar es el aislamiento, con la bien cientificista iniciativa de incomunicar los bichos para que no se propaguen u obstaculicen el adecuado funcionamiento del resto. Se debe censurar quien, dentro del régimen capitalista, hurta bienes, cuando la promesa de la ideología es acumular; se debe reclutar a quienes maten a su semejante, sin aprobación de la autoridad ya en la guerra, privando así un par de manos para operar en el proyecto del mercado. Y progresivamente se repiten las puniciones según cuánto agravias, con tu falta o delito, a la gobernante comunión.

1 comentario:

Nazario Robles Bastida dijo...

Revisado - Cuarto Ciclo 5 - 09/05/2010